Los productos estructurados: principales características

Productos estructurados y Depósitos estructurados ¿son lo mismo?

Los productos estructurados son una combinación de un depósito tradicional y una serie de derivados implícitos que nos harán ganar o perder dinero.

Los productos estructurados son productos bancarios cuya rentabilidad y riesgo viene determinada, a través de estos derivados, por la evolución de un índice de referencia, la evolución de una cesta de acciones o la evolución de cualquier otro activo financiero. Existe una amplia gama de productos estructurados y no todos tienen riesgo para el inversor.

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Enrique Mestre Herrero Fontana es Matemático y posee la titulación internacional de Financial Risk Manager. Ha desarrollado su carrera en entidades financieras en el area de Mercado de Capitales y estructuración de productos financieros. En la actualidad es experto independiente 

Hay productos estructurados que garantizan el principal invertido e incluso algunos llegan a garantizar también los intereses que se van a abonar durante toda la vida del producto. Otros, por el contrario, no garantizan ni los intereses ni la devolución del principal al vencimiento.

Si los derivados sólo pueden dar beneficio estaremos hablando de Depósitos estructurados, pero si podemos perder, aunque sea poco, no debería llamarse depósito pues un depósito siempre debería devolver el principal a vencimiento.

En los depósitos estructurados el único riesgo es lo que se llama “riesgo de oportunidad”, es decir, podemos no ganar dinero o podríamos haber ganado más si hubiéramos hecho otra cosa con nuestro dinero.

Cuando tienen riesgo para el que los contrata, este se compensa con una atractiva rentabilidad potencial. Podemos ganar mucho más en estos productos NO garantizados, pero por el contrario, también podemos perder parte o todo nuestro dinero.

Los productos estructurados surgieron en los mercados a mediados de los 80. Marcaron un hito en la innovación financiera al poner al alcance del inversor minorista las ventajas (y riesgos) de los derivados.

Por un lado cubrían las demandas de una parte de los inversores que querían tener beneficios superiores a los que brindaban los depósitos tradicionales y por otro incrementaban el margen de beneficio del banco que “estructuraba” o vendía estos productos.

Depósitos Estructurados: Los menos sofisticados son los Depósitos estructurados. En estos productos se empieza por un plazo fijo tradicional, pero los intereses en vez de cobrarse se utilizan para comprar opciones financieras, por ejemplo, para cobrar el 50% de lo que suba el IBEX en un plazo de tiempo. Cuando llega el vencimiento si estas opciones dan beneficio (el IBEX ha subido), el inversor obtiene una rentabilidad, si no, recupera su dinero pero no ha arriesgado nada.

Si queremos ganar más, algo tenemos que arriesgar y esto se puede hacer de dos maneras, invirtiendo parte de nuestro capital en opciones (por ejemplo, un 10% del principal se invierte en opciones y así, a vencimiento, recibiremos el 90% de nuestro dinero y un 200% de lo que suba el IBEX) o vendiendo opciones (por ejemplo, si el IBEX en sube ganamos un 100% de lo que suba el IBEX pero si baja perdemos el 60% de lo que baje).

Los Depósitos estructurados, al no tener riesgo de pérdida, suelen (curiosamente) catalogarse como productos NO MiFID y no tienen necesidad de los famosos test de conveniencia o idoneidad, sin embargo, el resto de productos estructurados son siempre productos MiFID Complejos.

El nivel de riesgo depende de cada producto aunque por lo general son de riesgo muy alto pues lo habitual es poner en riesgo todo nuestro dinero.

Los emisores de productos estructurados con riesgo suelen ser entidades financieras especializadas (generalmente bancos de inversión) y se dirigen a inversores de elevado nivel patrimonial y experiencia inversora, generalmente clientes de la red de Banca Privada de las entidades bancarias.

Los autocancelables : Un caso muy habitual de productos estructurados (con riesgo) son los “autocancelables”, así que los veremos con un poco más de detalle.

La rentabilidad y riesgo se vincula por la evolución de un activo de referencia, ya sea un índice bursátil o una cesta de acciones. Anualmente (aunque también puede ser semestral, trimestral, mensual o incluso semanal), si se cumplen determinadas circunstancias, por ejemplo, estar por encima del nivel inicial, vence anticipadamente y paga un cupón (generalmente mucho mayor que el de un depósito tradicional) y devuelve el dinero al inversor.

El riesgo estriba por un lado en que en alguno de esas revisiones no se den las condiciones y no se cobre ese cupón, y por otro lado, si llega al vencimiento sin “autocancelarse”, se puede producir la pérdida de parte o todo el principal.

Es habitual que el producto esté referenciado a una cesta de dos o más acciones, para “autocancelarse” suele exigirse que todas las acciones estén igual o por encima de su valor inicial. En el lado contrario, el riesgo se estructura a través de una cláusula “worst of” (el peor de) que toma como referencia la acción que peor haya evolucionado (habitualmente la que más haya caído). Es decir, no se tiene en cuenta un único valor sino el peor de dos o más, lo que implica mucho más riesgo.

Así se consigue que el cupón sea mucho más alto, pero el riesgo también se multiplica. Normalmente son dos o más acciones pertenecientes a sectores diferentes, así el “estructurador” (el banco), consigue diversificación y es más complicado que ambas suban mientras que es más probable que alguna haya bajado. ´

También es habitual una cláusula “barrera”, protege al inversor si la bajada de la pero acción es pequeña. Suele estar entre el 20% y el 40%, esto es, si la peor acción baja un 15% y la barrera está en el 25%, el inversor no perderá nada (aunque tampoco cobrará). Esta barrera puede observarse durante toda la vida del producto o sólo a vencimiento, siendo la segunda posibilidad menos arriesgada que la primera.

Intervinientes: Por último, repasemos quién interviene en este tipo de activos y qué beneficios puede obtener.

En primer lugar está el cliente y lo que mejor que le puede ocurrir es que el producto se cancele anticipadamente lo antes posible, recibiendo de esta manera una elevada rentabilidad en muy poco tiempo y recuperando el principal para poder volver a invertirlo en una nueva operación si se desea.

El segundo es el banco que comercializa el producto. Para este banco lo mejor es lo mismo que para el cliente pero por motivos algo diferentes. El beneficio de quien nos lo vende no está en lo que perdamos, sino que tiene un margen en cada venta y le es más rentable vendernos un producto cada mes en el que ganemos dinero en vez de vendernos uno y que perdamos todo nuestro dinero.

En último lugar está el estructurador del producto, el fabricante. Suele ser un banco de inversión o la tesorería de un banco grande que actúa en los mercados mayoristas de modo independiente a la red comercial. Es habitual creer que este tercer interviniente gana dinero cuando lo pierde el cliente, pero esto no es así. El equipo de trading del banco de inversión “desestructura” los derivados y gestiona el riesgo de los mismos, siendo por lo general la volatilidad (lo mucho o poco que se mueva arriba o abajo el precio de los activos subyacentes) y la correlación (como de a la vez se muevan) los principales riesgos que deben cubrir. Si hacen bien su trabajo ganarán dinero independientemente de lo que acabe ganando o perdiendo el cliente final pero si no han valorado bien los derivados o no cubren bien sus riesgos podrían perder mucho dinero aunque el cliente final perdiese todo su dinero.

Como inversores debemos conocer no solo qué riesgos corremos al invertir en estos productos estructurados, sino también qué margen se están quedando el comercializador y el estructurador pues ese dinero sí lo estaremos pagando aunque no nos demos cuenta. ¿Algun cliente espera que su banco le diga cuánto le está pagando el estructurador por vender este tipo de productos?

Desde Wealth Secur ponemos a su disposición nuestro servicio de Due Diligence Patrimonial donde, además de estudiar los riesgos legales y financieros, valoraremos la estructura que la entidad financiera le haya contratado o le proponga contratar para que pueda saber cuánto le cuesta la inversión y así poder tomar sus decisiones con toda la información.

 

 

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